De vuelta del país de los tréboles
Entrada original de 2007
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Han sido unos días para atesorar en la memoria; echaba de menos todo, y encontrármelo en una sola caja de regalo ha sido emocionante. Días apacibles e intens(iv)os, la versión corta es que todo fue genial.
Para los curiosos... os escribo la larga;
Pese a que llegué tarde, 20 minutos sobre 2 meses no importaron tanto, y enseguida un bus de la compañía Éireann nos llevó gentilmente (previo pago) desde el aeropuerto hasta Limerick.
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Han sido unos días para atesorar en la memoria; echaba de menos todo, y encontrármelo en una sola caja de regalo ha sido emocionante. Días apacibles e intens(iv)os, la versión corta es que todo fue genial.
Para los curiosos... os escribo la larga;
Pese a que llegué tarde, 20 minutos sobre 2 meses no importaron tanto, y enseguida un bus de la compañía Éireann nos llevó gentilmente (previo pago) desde el aeropuerto hasta Limerick.

Hubo
suerte; no llovía, incluso hacía sol. Almorzamos en el Mojo Café, que
era el único sitio donde a esas horas (las 16.00h) se podía comer algo
decente - aunque reconozco que pedí hamburguesa, vaya en mi descargo que
no tenía nada que ver con la de los Mac Burguers habituales. Y de ahí a
la universidad, a dejar el (pesado) equipaje.
El
campus de la universidad de Limerick es la contraposición a la ciudad;
si en ésta no hay gran cosa que llame la atención, áquel lo tiene todo;
no sé si fue la hora a la que llegué, en la que la magia de la tarde se
expandía con una luz otoñal que ribeteaba los árboles de oro, las hojas
ya caídas en el camino teñidas de bronce, y el río de un verde apócrifo,
o la planificación de la estructura, tan ordenada y cuidadosa con la
naturaleza, o quizá la ilusión con la que llegué, pero el campus me
pareció magnífico. También el buen rollo que circula por esos parajes
debió contagiárseme, y es que parece que el césped irlandés tiene más de
hierba que de césped; los estudiantes vuelven de clase felices,
contentos, sin ser viernes, y todos se saludan cordiales; es como entrar
en la Comunidad del Buen Rollo (The Good Roll Community, - según el manual Speaking in silver).
Una vez abandonada la maleta en la residencia, volvimos a salir.
Compramos algo para cenar, fui muy bien guiada por gran parte del
recinto y vi por primera vez el famoso Stables
(el pub donde todos los españolitos y Erasmus en general se toman la
última). Oscureció, estábamos cansados, y aunque la idea era regresar a
cenar y luego salir para vivir Stables la nuit, finalmente no logramos salir de la residencia.

Al día siguiente mi anfitrión debía acudir a clase así que me acompañó hasta Limerick y dispuse de cuatro horas para hacer una visitilla. He de decir que en Irlanda hay una cadena de tiendas de ropa, Pennyes, y todas las chicas siempre hacemos una parada allí; ropa bonita y muy económica. Todos los novios conocen Pennyes, (más info sobre la cadena desde el punto de vista masculino, aquí) pero creo que no precisamente porque diseñen ropa para ellos también... Con cuatro horas, apenas me daba para hacer un mini reconocimiento a la tienda... Sin embargo, no sucumbí a mis impulsos, y mi visita fue más turística. Esa mañana, yendo por Denmark St, encontré una iglesia chiquitita pero muy acogedora, la de St Michael, y después fui a la catedral de St Mary. Para acceder a la catedral se debe atravesar el cementerio de los pudientes de antes; algunas lápidas eran conmovedoras (recuerdo una de un niño, en las que los padres habían inscrito algo así como" Prestado, no dado, para ser enterrado en la tierra y florecer en el cielo").
St Mary tiene unas vidrieras apabullantes y se prodiga en arcos ojivales de granito; para entrar, la voluntad son 2€.


Al día siguiente mi anfitrión debía acudir a clase así que me acompañó hasta Limerick y dispuse de cuatro horas para hacer una visitilla. He de decir que en Irlanda hay una cadena de tiendas de ropa, Pennyes, y todas las chicas siempre hacemos una parada allí; ropa bonita y muy económica. Todos los novios conocen Pennyes, (más info sobre la cadena desde el punto de vista masculino, aquí) pero creo que no precisamente porque diseñen ropa para ellos también... Con cuatro horas, apenas me daba para hacer un mini reconocimiento a la tienda... Sin embargo, no sucumbí a mis impulsos, y mi visita fue más turística. Esa mañana, yendo por Denmark St, encontré una iglesia chiquitita pero muy acogedora, la de St Michael, y después fui a la catedral de St Mary. Para acceder a la catedral se debe atravesar el cementerio de los pudientes de antes; algunas lápidas eran conmovedoras (recuerdo una de un niño, en las que los padres habían inscrito algo así como" Prestado, no dado, para ser enterrado en la tierra y florecer en el cielo").
St Mary tiene unas vidrieras apabullantes y se prodiga en arcos ojivales de granito; para entrar, la voluntad son 2€.

Después
me metí en otra iglesia que no tenía nombre, a saber ... y finalmente
dí con la puerta principal del King John Castle, uno de los edificios
más emblemáticos de la ciudad.
Una
vez ahí dentro, conoces la historia de Limerick desde el primer
asentamiento vikingo, allá por el siglo IX. También, si se va sin
compañía, como era mi caso, se tienen más probabilidades de sufrir un
infarto; las estancias están equipadas con un sensor de movimiento para
poner en marcha una grabación. Como soy chiquitita, el sensor no
advirtió presencia humana hasta que llevaba un buen rato en el cuarto y
me giré para comprobar una cosa, con lo que una voz pregrabada me
sobresaltó lo indecible. Si no les puse denuncia es porquea) me sobrepuse, y
b) es el país del Good Roll y hasta a una refunfuñona de primera como yo algo se le pega.
Tras
la visita al castillo, me fui al Museo de Limerick, que es gratis,
(porque no tienen gran cosa). También vi, por fuera, un edificio masón,
que está justo enfrente del castillo. Cruzado el puente me encontré con
la Teatry Stone, que es un monumento que se hizo tras el tratado de paz
tras el segundo asedio del siglo XVII - firmado en 1691.
El paseo por el muelle merece la pena, al menos en un día soleado. Dejando atrás el parque, las calles comerciales (por cierto, ¡hay un hotel Hilton en Limerick!) acabé por el centro, en O ´Connell St. Me dirigí hacia el Milk Market, que es como una especie de Rastro, pero no lo pude ver porque sólo está los sábados. Como todavía no me había mimado a mí misma con ningún dulce irlandés, me hice la concesión de parar un poquito y me instalé en una mesa de una cafetería donde me sirvieron un capuccino de muerte, espolvoreado con cacao y virutas de chocolate negro, y un muffin de arándano delicioso. Después, bajé por Eileen St, me encontré con varios sex shops, y huí de allí hacia Eason, el equivalente de la Casa del Libro de aquí. Para entonces ya sólo tenía una hora para atacar Pennyes, y allí mi guapo, inteligente y lacónico anfitrión me encontró. Continuamos la visita hacia People´s Park (y esto no es una traducción Speaking in silver; se llama así, lo que viene siendo el parque de la gente). El parque estaba precioso con el sol, es pequeñito pero encantador, y también vimos la galería de arte que hay dentro del parque, (entrada gratis) y el Tit´s Clock. Con esto ya se hacía de noche, así que nos volvimos hacia la universidad. Ese día sí tocó fiestuqui, y estuvimos en el Stables un buen puñado de españoles, un par de franceses, una belga y alguna otra nacionalidad más que ahora se me escapa. También descubrí que el río, tan precioso en las horas diurnas, por la noche se convierte en un tramo terrible; hace muchísimo más frío al cruzar el puente, y el contraste con la zona donde está ubicada el Stables es notable. Los españoles lo han bautizado como el Fucking River, con eso está todo dicho.
Al día siguiente viajamos a Cork. Es la segunda ciudad más grande, lo que comporta un Pennyes más grande y apañado... (no, no me pagan por hacer publicidad, lo prometo). Bueno, en general, más turismo y más comercio.
Esta ciudad, obrera ante todo, simbolizó siempre la resistencia a la represión. Sus habitantes no dejaron de luchar contra la colonización británica, desde el siglo XVII hasta el XX (no en vano Michael Collins nació y murió allí). Por ello sus barrios no son especialmente homogéneos, ya que ha sido destruída con bastante frecuencia. Como curiosidad, se dice que Anne Bonny, la mujer pirata que surcó los mares en el siglo XVIII junto con Mary Read, nació en Cork.
Mientras
nos orientábamos, caminamos por la calle principal, St Patrick St. Era
el festival de Jazz en la zona durante esas fechas, así que desde una
pantalla gigante nos llegaba la música dando ritmo a nuestros pasos. Sin
saber muy bien qué era, acabamos en la Grand Parade y vimos el
monumento a los irlandeses republicanos que murieron por la causa, nos
metimos en el English Market, lo que no fue buena idea porque teníamos
hambre... y nos elevó el índice de apetito... Así que almorzamos y
después ya emprendimos la marcha.
El edificio más famoso de Cork es la iglesia de St Anne en el barrio de Shandon. Es conocida por su reloj, al que llaman Four Faced Liar, ( cuatro caras mentirosas) porque tiene cuatro relojes en su torre, uno por cada punto cardinal, y desde la base del edificio cada uno parece mostrar una hora distinta. Dicen que es debido al viento que sopla. Si subes a la torre, se divisa toda Cork, y te permiten tocar las campanas - por el módico precio de 6 euros, 5 si eres estudiante.
En Cork hay dos catedrales; la del Norte, en Shandon también, y la de San Finbarre, al otro lado del río. Esta última me fascinó.


Todo en esta catedral es digno de mención; la voluntad, para que te permitan el paso son 3€, 1.5€ si eres estudiante. En la tienda de souvenirs de la catedral venden una guía, pero el propio dependiente se ofrece a resolver dudas gratis. En el interior de la iglesia, descansa la tumba de la única mujer masona, Elisabeth Aldworth. ¿Cómo es que aceptaron a una fémina en su fé?, por lo que cuentan, fue testigo accidental (escondida tras una cortina...) de una ceremonia masona y para evitar que se fuera de la lengua, la agregaron a su culto y le hicieron jurar voto de silencio.
También hay una bala de cañón, de uno de los asedios del siglo XVII, que se descubrió al realizar unas remodelaciones a finales del XIX.
Las vidrieras son fantásticas; uno puede entretenerse buscando su signo zodiacal en las más elevadas... en definitiva, esta catedral me entusiasmó, mucho más que la del Norte (en Shandon) que es una iglesia más moderna, con pilares de madera, muy acogedora y sosegada, pero de la poco más se puede decir.
Esta ciudad, obrera ante todo, simbolizó siempre la resistencia a la represión. Sus habitantes no dejaron de luchar contra la colonización británica, desde el siglo XVII hasta el XX (no en vano Michael Collins nació y murió allí). Por ello sus barrios no son especialmente homogéneos, ya que ha sido destruída con bastante frecuencia. Como curiosidad, se dice que Anne Bonny, la mujer pirata que surcó los mares en el siglo XVIII junto con Mary Read, nació en Cork.
Mientras
nos orientábamos, caminamos por la calle principal, St Patrick St. Era
el festival de Jazz en la zona durante esas fechas, así que desde una
pantalla gigante nos llegaba la música dando ritmo a nuestros pasos. Sin
saber muy bien qué era, acabamos en la Grand Parade y vimos el
monumento a los irlandeses republicanos que murieron por la causa, nos
metimos en el English Market, lo que no fue buena idea porque teníamos
hambre... y nos elevó el índice de apetito... Así que almorzamos y
después ya emprendimos la marcha.El edificio más famoso de Cork es la iglesia de St Anne en el barrio de Shandon. Es conocida por su reloj, al que llaman Four Faced Liar, ( cuatro caras mentirosas) porque tiene cuatro relojes en su torre, uno por cada punto cardinal, y desde la base del edificio cada uno parece mostrar una hora distinta. Dicen que es debido al viento que sopla. Si subes a la torre, se divisa toda Cork, y te permiten tocar las campanas - por el módico precio de 6 euros, 5 si eres estudiante.
En Cork hay dos catedrales; la del Norte, en Shandon también, y la de San Finbarre, al otro lado del río. Esta última me fascinó.
Para
empezar, tiene un ángel de oro en una de sus cúpulas. Dice la leyenda
que el día del Apocalipsis, éste ángel será el encargado de tocar una de
las siete trompetas tras la ruptura de los siete sellos.


Desde
la fachada podemos ver tres torres. Se puede ver que se construyó al
estilo gótico, y las gárgolas son dignas de mención. En la fachada se
distinguen tres arcadas, y en sus pilares están esculpidos los
apóstoles, los símbolos de los evangelistas, alguna lira (símbolo de
Irlanda)...

Lo
que más me llamó la atención, fue que en la portada principal están a
un lado las vírgenes sabias (con antorcha encendida) y las vírgenes
insensatas (con su antorcha apagada).
En el centro de esta portada descansa el novio.
El juicio final está sobre ellos en un tímpano ojival cuyos espacios libres están cubiertos con mosaico dorado.
En el centro de esta portada descansa el novio.
El juicio final está sobre ellos en un tímpano ojival cuyos espacios libres están cubiertos con mosaico dorado.

Todo en esta catedral es digno de mención; la voluntad, para que te permitan el paso son 3€, 1.5€ si eres estudiante. En la tienda de souvenirs de la catedral venden una guía, pero el propio dependiente se ofrece a resolver dudas gratis. En el interior de la iglesia, descansa la tumba de la única mujer masona, Elisabeth Aldworth. ¿Cómo es que aceptaron a una fémina en su fé?, por lo que cuentan, fue testigo accidental (escondida tras una cortina...) de una ceremonia masona y para evitar que se fuera de la lengua, la agregaron a su culto y le hicieron jurar voto de silencio.
También hay una bala de cañón, de uno de los asedios del siglo XVII, que se descubrió al realizar unas remodelaciones a finales del XIX.
Las vidrieras son fantásticas; uno puede entretenerse buscando su signo zodiacal en las más elevadas... en definitiva, esta catedral me entusiasmó, mucho más que la del Norte (en Shandon) que es una iglesia más moderna, con pilares de madera, muy acogedora y sosegada, pero de la poco más se puede decir.
No
nos dio tiempo a ver; la prisión de Cork, ni la abadía roja, ni el
castillo, pero de todos modos fue un día gratificante. Creo que Cork es
una ciudad estupenda para pasar un fin de semana tranquilito y viendo
cosas interesantes.
El resto del viaje he profundizado(lo poco que se podía) por Limerick.
Y no, no me puse el bikini... no hizo falta.
Nada más llegar a casa, ya estaba buscando vuelos para volver; queda tanto por visitar; Galway, Kerry, por qué no Belfast...
Han sido pocos días, emocionantes e intensos, intensivos también, pero para mí viajar a Irlanda conlleva siempre ese riesgo de convertirme un poco más en Spirish; cuando estoy allí, echo de menos cosas de aquí, cuando estoy aquí, extraño todo lo de allí.
El resto del viaje he profundizado(lo poco que se podía) por Limerick.
Y no, no me puse el bikini... no hizo falta.
Nada más llegar a casa, ya estaba buscando vuelos para volver; queda tanto por visitar; Galway, Kerry, por qué no Belfast...
Han sido pocos días, emocionantes e intensos, intensivos también, pero para mí viajar a Irlanda conlleva siempre ese riesgo de convertirme un poco más en Spirish; cuando estoy allí, echo de menos cosas de aquí, cuando estoy aquí, extraño todo lo de allí.
Un brindis por las verdes tierras de los tréboles.

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